El Árbol de la vida

Cuentas las leyendas muchos hechos Entorno a objetos maravillosos y únicos.

Arcanos misterios enterrados que desvelan profundos secretos sobre cosas cotidianas, hechos mágicos y misteriosos que traen del pasado cosas enterradas, y que quizás el mundo había decidido mantener ocultas por algún motivo.

Pendientes malditos, pulseras cuyas dueñas vivieron apasionados romances de final trágico, vestidos de reyes y reinas, diademas que ocultan secretos sobre sus antiguas poseedoras, y las aventuras alrededor de cada uno de ellos.

Lo que pocos relatos cuentan, y habría que preguntarse porqué todos callan sobre ello, es la historia del Árbol de la Vida. Quizás usar mayúsculas sea un poco exagerado, pues no es ESE Árbol de la Vida, sino uno de un carácter mucho menor, pero cuyos hechos no son mucho menos importantes.

En un hortal de Aragón, al pie de una colina sin nombre conocido, en un terreno sin dueño conocido, un árbol solitario reposa silencioso. Las tardes de los domingos, cuando todos los pueblos cercanos callan en sus casas, y sus vecinos se encuentran disfrutando de comidas familiares y con amigos, este solitario huerto, con un solitario árbol, parece cantar en el silencio.

Las flores a sus pies llenan de dulces olores sus primaveras, y la humedad y el frescor agitan sus ramas en otoño, más este árbol siempre permanece ahí.

Su corteza rugosa, parduzca, es surcada de cuando en cuando por algún insecto, y en sus ramas herrerillos y carboneros trinan en sus escasos momentos de descanso.

Y el árbol sigue ahí.

Las lluvias le dan fuerzas, y la tierra, con su olor a nutrientes y a verdad le alimentan. Lo árboles de huertos y bosques cercanos crecen alimentados por esta misma sabia de la vida, mas nuestro árbol permanece igual, inalterable. Casi podría decirse que nació así, y que desde entonces observa el mundo, callado.

De cuando en cuando, algún viajero, un artesano, o un artista del pueblo, se fija en él, lo dibuja, lo tala o le compone un poema. A veces, los amantes se escapan para encontrarse a la sombra de sus ramas, sombra de sol o de luna, y se entregan el uno a la otra, derramando su amor sobre sus raíces.

Y el árbol sigue ahí.

¿Que hace tan especial a ese árbol? No son los rumores de que ese árbol ha vivido desde siempre, no son los cuentos de fama y fortuna que dicen que da a quien yazca con su amado bajo sus ramas.

Quizás lo que le da ese aire tan especial sea su soledad, su estoico estar en la tierra, la impresión que da su contemplación, casi como si pareciese, remotamente, que mientras esté ahí, todo estará bien.

Quizás sólo por eso ese árbol es tan especial.

Collar Árbol de la Vida en nuestro blog

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