UNA PEQUEÑA HISTORIA…

UNA PEQUEÑA HISTORIA….

“Un joven y un viejo caminaban por los caminos de una sierra en una noche sin luna. El viento apenas corría pero traía los ruidos de la noche, que llenaban los campos y el aire.

Ambos caminaban en silencio, de regreso a casa tras un largo y agotador día de trabajo, y pronto las luces del pueblo se verían al doblar la esquina de un camino.

Sin apenas darse cuenta del porqué, el joven se encontró caminando solo por el camino. Cuando se volvió a buscar a su acompañante, vio que éste se había detenido, junto a un viejo tejo, y miraba el cielo.

El joven retrocedió unos pasos y alzó la vista para contemplar lo que había atraído la atención de su amigo. Arriba, en el cielo nocturno, brillaban las estrellas.

– ¿Qué miras? – le preguntó.
– ¿Acaso no lo ves? – respondió el más mayor de los dos.
– Sólo veo las estrellas. Las mismas de siempre.

Sólo el silencio de su interlocutor le respondió. El frescor de la noche ascendía por la ladera, y nuestro joven amigo comenzaba a tener prisa y se sentía incómodo, pero permaneció a su lado, callado.

– Pasamos cada noche por este camino, y nunca nos fijamos en el inmenso tapiz que se extiende sobre nuestras cabezas. Ese cielo lleno de estrellas, cuyas maravillas sólo podemos soñar, permanece ahí cada día, y su propósito se nos escapa.

No sabemos por qué están ahí las estrellas, ni qué sentido tienen, ni qué destino les aguarda. Pero están ahí. Son como las personas que nos rodean. Desconocidos por los que pasamos cada día, algunos brillan más, otros pasan más de largo, pero nunca les conocemos realmente. Ni les prestamos más atención que aquella que nuestro egoísmo nos lleva a pensar que merecen.

Sin embargo, están ahí. Brillando y resplandeciendo.

Mira aquella estrella, la más luminosa de todas, parecería la más importante, pero, ¿quién puede decir que esa estrella sea mejor que aquella otra, que aparece tan pequeña y apagada que apenas puede vislumbrarse entre el brillo de sus hermanas que la rodean?

Mira cómo aquellas estrellas se agrupan, formando una figura, o aquellas otras que se desparraman sobre el cielo como perlas dispersas que iluminan nuestros sueños.

Muchas de ellas permanecen siempre ahí, quietas, otras giran sobre nuestras cabezas describiendo el paso de la vida y de las noches sobre nosotros, guardando nuestros sueños y esperanzas.

De vez en cuando, una estrella fugaz surca el cielo, cruzando rápidamente la creación, e iluminando al resto, antes de perderse rápidamente por el horizonte.

Todas ellas forman un tapiz, un magnífico, casi mágico, tapiz.

Y a pesar de lo magnífica y brillante que una de esas estrellas pueda ser, no adquiere su máxima grandeza hasta que no se une en un tapiz maravilloso que le da sentido y belleza a su existencia, y forma parte de él. Para siempre, o fugazmente.

El viejo volvió a callar, mientras nuestro joven protagonista miraba el cielo. Un sentimiento extraño creció en su pecho, al tiempo que contemplaba a su acompañante e intentaba comprender lo que quería transmitirle.

Sobre ellos, silenciosas, eternas, brillaban el millar de estrellas que iluminaba sus noches sin luna”

Francisco Agenjo

(la otra mitad de Te lo pruebas?)

 

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